This research analyzes the role of Social and Solidarity Economy (SSE) and Comunalidad in achieving food self-sufficiency and sovereignty among peasant families in the municipality of Acapulco de Juárez, Guerrero. Using a qualitative and participatory approach, three communities El Cantón, El Carrizo, and El Kilómetro Treinta were studied to identify how principles of cooperation, reciprocity, and self-management influence maize production and community organization. The findings reveal that peasant families maintain collective practices reflecting a logic different from capitalism, grounded in solidarity, consensus-based assemblies, voluntary communal work (“fajinas”), and respect for the land as a common good. These actions strengthen social cohesion and foster high levels of self-sufficiency in maize production, particularly in El Cantón and El Carrizo, while El Kilómetro Treinta faces structural limitations that constrain its productive autonomy. The study confirms that, despite neoliberal policies that have impoverished rural Mexico, peasant communities resist through collective strategies oriented toward buen vivir (“living well”). Moreover, it highlights the crucial role of peasant women as key actors in food production, decision making, and territorial defense. In conclusion, the articulation between the Social and Solidarity Economy and Comunalidad represents a viable path to strengthen food sovereignty from the grassroots level, promoting sustainable and culturally relevant economic models. The study recommends fostering public policies that recognize and support agroecological and community-based initiatives as foundations for a fair and sustainable rural development.
La presente investigación analiza el papel de la Economía Social y Solidaria (ESS) y la Comunalidad en la autosuficiencia y soberanía alimentaria de familias campesinas del municipio de Acapulco de Juárez, Guerrero. Mediante un enfoque cualitativo y participativo, se estudiaron tres comunidades: El Cantón, El Carrizo y El Kilómetro Treinta, con el propósito de identificar cómo los principios de cooperación, reciprocidad y autogestión inciden en la producción del maíz y en la organización comunitaria. Los resultados muestran que las familias campesinas mantienen prácticas colectivas que reflejan una racionalidad diferente a la capitalista, basada en la solidaridad, el consenso en asamblea, el trabajo voluntario (“fajinas”) y el respeto por la tierra como bien común. Estas acciones fortalecen la cohesión social y permiten alcanzar altos niveles de autosuficiencia en la producción de maíz, como en El Cantón y El Carrizo. En contraste, la comunidad de El Kilómetro Treinta presenta limitaciones estructurales que reducen su autonomía productiva. La investigación confirma que, pese a las políticas neoliberales que han precarizado el campo mexicano, las comunidades campesinas resisten mediante estrategias colectivas orientadas al buen vivir. Asimismo, resalta el papel de las mujeres campesinas como agentes centrales en la producción, la toma de decisiones y la defensa del territorio. En conclusión, la articulación entre la ESS y la Comunalidad constituye una vía viable para fortalecer la soberanía alimentaria desde abajo, promoviendo modelos económicos sustentables y culturalmente pertinentes. Se propone impulsar políticas públicas que reconozcan y apoyen las experiencias agroecológicas y comunitarias como base de un desarrollo rural justo y sostenible.